Los investigadores pasan mucho tiempo recogiendo datos. Los datos
se utilizan para confirmar o rechazar hipótesis, para identificar
nuevas áreas de investigación, para dirigir el desarrollo
de nuevas técnicas de investigación, y demás.
Lanzamos sondas espaciales para recoger datos que nos ayudan a entender
los orígenes del universo y utilizamos bases de datos genéticas
como herramientas para entender y curar enfermedades. La ciencia como
la conocemos y practicamos hoy no puede existir sin datos.
Las prácticas del manejo de datos se están complejizando cada vez
más y deben tratarse antes de que cualquier dato sea recogido tomando
en consideración cuatro asuntos importantes:
- propiedad,
- recolección,
- almacenamiento, y
- formas de intercambio.
La integridad de los datos y, en consecuencia, la utilidad de la investigación
que éstos apoyan, depende de una cuidadosa atención a
los detalles desde la planificación inicial hasta la publicación
final.