No es fácil ir por la vida haciendo todo lo que debemos o deberíamos
hacer en todo momento. Por lo tanto no debería resultar una
sorpresa el hecho de que en muchas pequeñas cosas, y a veces
significativas, los investigadores no siempre siguen la hoja de ruta
para la conducta responsable en la investigación. Pasan de largo
las señales de parar cuando eliminan más datos de lo
que deberían, aceptan autorías honorarias, compran alguna
cosa que no esté estrictamente permitida con fondos de subsidios,
o le dan a sus colegas una reseña más favorable de la
que merecen. Cada tanto, manejan sobrepasando el límite de velocidad
permitido para llegar a su destino –un subsidio, una publicación,
nuevo conocimiento –un poco más rápido.
Las personas
solemos pasar por alto el deber y lo que debería hacerse
en nuestra vida por distintas razones. Por un lado, la sociedad transmite mensajes
mixtos acerca de la obediencia a las reglas. ¿Debemos delatar a otra persona
cuando está haciendo trampa, o debemos “ocuparnos de nuestros propios
asuntos”? Las reglas también pueden entrar en conflicto unas con
otras. ¿Se debe reportar un mal comportamiento si al hacerlo se está poniendo
en riesgo la propia carrera? Y finalmente, somos asombrosamente hábiles
cuando se trata de “forzar o “estirar” las reglas pensando
en buenas razones por las cuales un curso de acción cuestionable es aceptable
bajo unas circunstancias particulares, es decir, justificar nuestras acciones,
cualesquiera que sean.
La facilidad con la que se pueden “forzar” o
pasar por alto las reglas es particularmente evidente en los principios
de la carrera que la mayoría
de los investigadores tradicionalmente siguen. Los estudios sugieren
consistentemente que más de la mitad y probablemente cerca de
tres cuartos de estudiantes universitarios hacen trampa durante sus
años de estudiantes antes de graduarse.
En dos estudios separados, 1 de 10 aprendices de investigación
informó una
disposición a romper las reglas para conseguir subsidios o publicaciones
de artículos. Aproximadamente esta misma proporcion se repite
en los estudiantes que solicitan becas de investigación y residencias
en medicina, los
cuales presentan de manera incorrecta sus publicaciones de investigaciones
en su currículum, tal como fue confirmado en estudios conducidos
en seis especialidades médicas. Presumiblemente la mayoría
de los individuos que hacen trampa o que agrandan su currículum
saben que esto está mal,
pero sin embargo encuentran motivos para realizar estas prácticas.
Los mismos patrones de comportamiento pueden fácilmente infiltrarse
en otros aspectos de la investigación. Las presiones que empujan
a los estudiantes a forzar o pasar por alto las reglas no desaparecen
luego de la graduación.
Entrar a buenas escuelas es reemplazado por obtener un buen trabajo
y ascender. La competencia por las notas es reemplazada por la competencia
por obtener un subsidio y una publicación. El escaso tiempo
para estudiar para las pruebas es reemplazado por escaso tiempo para
enseñar, entrenar, proveer servicios,
y realizar investigaciones. La presión puede aún acrecentarse
al avanzar en la carrera, ya que se suman al panorama las responsabilidades
familiares, al tiempo que crecen las ambiciones personales, haciendo
aún más
fácil el poner el pie en el acelerador para llegar al destino
un poco más rápido.
Existen muchas razones fáciles
y rápidas que pueden utilizarse
para justificar el forzaro pasar por alto algunas de las reglas básicas
para la investigación responsable:
- Yo ya tengo suficiente información para saber cuáles
serán los resultados, por lo tanto no hay necesidad de hacer
los controles nuevamente, aunque no me dieran los resultados esperados
la primera vez.
- Nadie financia una investigación verdaderamente exploratoria,
así que la única forma de testear nuevas ideas es la
de utilizar fondos de un subsidio existente, aún cuando estos
fondos son para otro trabajo.
- Si mis jefes leyeran mis artículos de investigación
en vez de contar su cantidad, no tendría que publicar la misma
investigación dos veces o cortarla en pequeñas e insignificantes
partes.
- Dada la competencia en este campo, te estás cortando tu
propia garganta si compartes tus métodos e información
con tus colegas demasiado abiertamente.
- Me cortarán los fondos si informo estos resultados, así que
para el bien de mi laboratorio y equipo debería retenerlos
por un tiempo más.
- Yo sé que mi investigación no le hará daño
a nadie, así que para qué perder mi tiempo y el del
Comité de Revisión Institucional (IRB, por sus siglas
en inglés) obteniendo permiso.
Las reglas no siempre son razonables o racionalmente aplicadas. La
vida y los colegas no siempre son justos. A veces las buenas personas
parecen llegar últimas a su destino.
Sin embargo, el problema con las justificaciones rápidas y sencillas
y las frases pegadizas es que no tienen en consideración las
mayores consecuencias de nuestros actos. ¿Qué pasaría
si todo el mundo decidiera, por una “buena” razón
u otra, pasar por alto las señales de frenar, manejar del lado
incorrecto de la calle, o ignorar el límite de velocidad? Obviamente,
surgiría de inmediato el caos, y el manejo ya no sería
seguro (o se tornaría aún más peligroso de lo
que ya es). Lo mismo pasaría con la investigación si
los investigadores ignorasen rutinariamente las prácticas de
investigación responsables e hicieran lo que les pareciera necesario
simplemente para lograr algún fin, ya sea el descubrimiento
de la verdad, el desarrollo de algo útil, o el éxito
personal.
Como fue declarado al principio de la Introducción
a la conducta responsable en la investigación de la ORI ,
no existe una única mejor manera de conducir la investigación,
no hay un método universal que se aplique a todas las investigaciones
científicas. Las prácticas aceptadas para la conducta
responsable de la investigación pueden variar y varían
de disciplina en disciplina y hasta de laboratorio en laboratorio.
Existen, sin embargo, algunos importantes valores compartidos para
la conducción responsable de la investigación que unifican
a todos los investigadores, incluyendo la honestidad, la precisión,
la eficiencia, y la objetividad. No hay excusas para el sacrificio
de estos valores. Su valor central en la investigación es la
responsabilidad de todos y cada uno de los investigadores. Conduzca
en forma segura y sea un investigador responsable.